Crisis, palabra de moda que a todos aterroriza y que se constituye como tema central en conversaciones dentro y fuera de la blogosfera.
Sin ir más lejos hoy, Josep me envía una historia de leones que me hace reflexionar sobre el tema crisis igual a oportunidad y me anima a retomar la escritura, tan abandonada en las últimas semanas.
Ya he hablado en alguna ocasión sobre la importancia de la actitud sin embargo hoy pienso sobre el peso que el factor poder tiene en la ecuación del éxito. El poder en cuanto a facultad o potencia para hacer algo, me parece un aspecto interesante y a tener en cuenta en el entorno actual en el que gran parte de los problemas están en la dificultad de acceso a todos aquellos créditos fáciles y que nos están impidiendo poder consumir.
En esta situación las organizaciones y personas que cuentan con unas finanzas saneadas lo van a tener más fácil, van a poder aprovechar el momento y podrán, como no, escapar del león en la selva. Dejando a un lado la cuestión ética de si lo consigue a costa o no de que el león se coma a sus compañeros. Lo primero la actitud de ser previsor pero lo segundo y más crítico poder tener las zapatillas listas en el momento adecuado.
Personalmente me quedo con la reflexión y al aprendizaje que la crisis nos está ofreciendo sobre muchos de los aspectos del sistema actual que no se sostienen y precisan cambios.
Alfons nos lo explicaba muy bien el otro día en el update de infonomía cuando hablaba de crecimiento y supervivencia en la crisis y nos daba ejemplos de los modelos de negocio que están teniendo éxito por dar respuesta a las necesidades de una clase media empobrecida.
La crisis empuja hacia nuevos valores como el low cost, el intercambio, el trabajo en red, el ahorro y cierta austeridad. Valores a los que deberemos dar respuesta con nuevos modelos de negocio, en los que serán claves nuevos modelos de relación y liderazgo.
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miércoles, 10 de diciembre de 2008
jueves, 6 de noviembre de 2008
Victima o protagonista
El otro día Jorge, amigo y compañero de viaje profesional, me comentaba: - 8 años en son muchos años en una misma empresa. Y yo le contestaba: - Jorge, pero tú ¿dónde trabajas? ¿Realmente crees que la empresa en la que estás ahora es la misma que en la que empezaste? Y terminamos calculando cuantos “cambios” de empresa habíamos realizado, sin realmente llegar a cambiar de compañía.
Teníamos esta conversación durante la entrega de los premios Expansión & Empleo a la Innovación en recursos humanos que tuvieron lugar el pasado martes en Madrid.
Durante estos premios se hablo como no, de crisis, tiempos difíciles, redimensionamiento… pero también de oportunidad, innovación y reto para los que saben enfrentar las situaciones difíciles con una visión y actitud positiva.
Sin duda estamos en un momento en el que es mucho más fácil ver la botella medio vacía y como alguien en alguna ocasión me comentó: - Y si la llego a ver medio llena, mejor me la bebo.
¿Beber para olvidar?
Estamos en un momento de duras realidades, y todos las sufrimos de forma más o menos cercana en nuestra realidad profesional o personal.
Como muy acertadamente Fred Kofman, comentaba recientemente en el Forum Mundial de Gestión de Personas.
“ Todo ser humano está sujeto a variables fuera de su control que le afectan muy directamente, ganar o perder no es una decisión 100% personal, pero actuar con integridad sí lo es”
Desde mi punto de vista, me quedan 2 opciones:
1. Elijo actuar como víctima de las circunstancias y me quito responsabilidad sobre las mismas, buscando culpables, lamentándome por lo que me pasa y contagiando negativismo a mi alrededor.
2. Elijo actuar como protagonista, sintiéndome responsable y enfrentándome a mi realidad identificando qué es lo que yo puedo hacer e intentando inyectar la mayor dosis de positivismo realista a los que me acompañan en el viaje.
El victimismo me paraliza, limita mi condición humana de tomar decisiones. El protagonismo me lleva a seguir adelante pese a las dificultades.
El victimismo es la droga perfecta para el corto plazo, da el placer de sentirme inocente pero a la larga, me sitúa en la cárcel de la resignación y el resentimiento.
El protagonismo me convierte en parte del sistema y por tanto me da energía para actuar y enfrentar las situaciones ayudando a que el sistema crezca y como consecuencia yo crezca también.
El ejercicio es duro y claro que me resulta más fácil sentirme víctima y eximirme de responsabilidades, pero si vuelvo la vista atrás y pienso como he enfrentado otras situaciones difíciles y cual fue la clave de mi éxito, recuerdo que en esas ocasiones decidí ser protagonista, dejar el lado confortable pero oscuro del victimismo y tomar el control.
Por todo esto me alegro por iniciativas como la del grupo Unidad Editorial, de la mano de Expansión y Expansión y Empleo, que nos anima a todos los que trabajamos en organizaciones que pasan por momentos difíciles a seguir adelante, innovando y apostando por aquellos que dan vida y hacen realidad un proyecto empresarial: las personas
Teníamos esta conversación durante la entrega de los premios Expansión & Empleo a la Innovación en recursos humanos que tuvieron lugar el pasado martes en Madrid.
Durante estos premios se hablo como no, de crisis, tiempos difíciles, redimensionamiento… pero también de oportunidad, innovación y reto para los que saben enfrentar las situaciones difíciles con una visión y actitud positiva.
Sin duda estamos en un momento en el que es mucho más fácil ver la botella medio vacía y como alguien en alguna ocasión me comentó: - Y si la llego a ver medio llena, mejor me la bebo.
¿Beber para olvidar?
Estamos en un momento de duras realidades, y todos las sufrimos de forma más o menos cercana en nuestra realidad profesional o personal.
Como muy acertadamente Fred Kofman, comentaba recientemente en el Forum Mundial de Gestión de Personas.
“ Todo ser humano está sujeto a variables fuera de su control que le afectan muy directamente, ganar o perder no es una decisión 100% personal, pero actuar con integridad sí lo es”
Desde mi punto de vista, me quedan 2 opciones:
1. Elijo actuar como víctima de las circunstancias y me quito responsabilidad sobre las mismas, buscando culpables, lamentándome por lo que me pasa y contagiando negativismo a mi alrededor.
2. Elijo actuar como protagonista, sintiéndome responsable y enfrentándome a mi realidad identificando qué es lo que yo puedo hacer e intentando inyectar la mayor dosis de positivismo realista a los que me acompañan en el viaje.
El victimismo me paraliza, limita mi condición humana de tomar decisiones. El protagonismo me lleva a seguir adelante pese a las dificultades.
El victimismo es la droga perfecta para el corto plazo, da el placer de sentirme inocente pero a la larga, me sitúa en la cárcel de la resignación y el resentimiento.
El protagonismo me convierte en parte del sistema y por tanto me da energía para actuar y enfrentar las situaciones ayudando a que el sistema crezca y como consecuencia yo crezca también.
El ejercicio es duro y claro que me resulta más fácil sentirme víctima y eximirme de responsabilidades, pero si vuelvo la vista atrás y pienso como he enfrentado otras situaciones difíciles y cual fue la clave de mi éxito, recuerdo que en esas ocasiones decidí ser protagonista, dejar el lado confortable pero oscuro del victimismo y tomar el control.
Por todo esto me alegro por iniciativas como la del grupo Unidad Editorial, de la mano de Expansión y Expansión y Empleo, que nos anima a todos los que trabajamos en organizaciones que pasan por momentos difíciles a seguir adelante, innovando y apostando por aquellos que dan vida y hacen realidad un proyecto empresarial: las personas
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